Friday, September 28, 2012

1987

Pablo finalmente me ha encontrado. Llegué a dudar que lo pudiera hacer, pero mi hermano nunca me ha fallado. Él me defendió de los niños maldosos de la primaria. Él estuvo el día que recite mi primer poema. Él me dejó llorar en sus brazos cuando me quebraron el corazón por primera vez. Me daba todo lo que deseaba y el día que vi el suéter blanco no dudo el comprármelo.

-Dale, Mari, te verás bien bonita.

-Pero cuesta…

-No importa, no importa.

Esa noche fui el éxito del baile de la vecindad. Sabía que las muchachas me veían con envidia, en mi vencindario no todas pueden cruzar la frontera para comprar ropa. Pablo siempre se aseguró de darme los gustos que no me podía dar a mi misma y ahora me siento culpable de que Pablo haya sido el que me encontró y que además hice sufrir a mi amá.

-Amá, deje que yo vaya. Ud. no puede.

-Bien hijo, vete tú.

Amá siempre esperaba en casa rezando cuando algo pasaba. Me decía que esperaba algún día guardar suficiente dinero para poder comprarme un MP3 como los que yo fabricaba en el trabajo. Ahora ya ni eso importa.

Pero me encontró él. Aunque se que él hubiera preferido que fuese de otra manera. De niños me encontraba debajo de la cama de mami al jugar a las escondidas. Me encontró cuando tenia nueve años pintándome con el maquillaje de mi prima mayor. A los quince me encontró besando a un noviecito. Ayer me encontró de nuevo….

-¿Pablo Gómez? Firme aquí. Lea esto. Pónganse esto. Sígame por acá.

Pobre Pablo, nunca pensé que yo sería la que le fallaría. No quise ensuciar el suéter blanco. No pude hacer más. Tenia que llegar a la fábrica. El autobús ya había pasado y tuve que caminar a pesar de lo que me dijiste.

- Mari, si se te pasa el autobús, regresa a casa y yo camino contigo.

Lo vi todo. Pablo con las manos empapadas de sudor, mirándome como si no quisiera reconocerme. Pude oler ese aroma de pasto que siempre lleva con él, ver su miedo, sentir su respiración y escuchar como en cámara lenta:

-¿E-e-e-e-e-s e-e-e-l-l-l-l-l-a-a-a-?

-N-o-o-o c-r-e-e-e-e-o-o-o-o.

Años convertidos en minutos. Minutos para rescatar aquellos recuerdos perdidos en la seguridad de la (in)mortalidad y un cuarto frío; demasiado limpio. Se acercó Pablo; me sentí tan lejos de él aunque estaba allí. Finalmente se fijó en mi suéter blanco y me reconoció al susurrar:

-Sí, es ella. Es Mari.

Pero Pablo se da cuenta de más. Reconoce las marcas que le cuentan mi historia.

Sangre atrapada debajo de mis uñas.

-¡No por favor, déjenme!

Quemaduras dentro de mis poros.

-Quémela compadre como a las otras mugrosas de la fábrica.

Rasguños que cubren mis piernas.

-¡Por favor! ¡Por favor no!

Huesos en posiciones incómodas.

-¡Pinché creída! Solo porque trabajas allá te crees más.

Cara sin rostro.

-Por fa….

El suéter blanco.

-Gracias, Sr. Gómez. Ahora iremos a firmar el acta de defunción. Si desea recogerlo pida el archivo número 1987.

Así, irreconocible, fue como me encontró por última vez mi hermano. Así, destrozada, fue la última imagen que tuvo de mi. Y me pregunto si más que un recuerdo doloroso seré para él una pesadilla de piel, carne y huesos enredados o si acaso a pesar de toda la destrucción Pablo pudo rescatar un recuerdo infantil sin manchas. Si a pesar de toda la ruina Pablo pudo encontrar manera de recodarme sin desfiguraciones.

-Amá le tengo que decir….decir….que mataron a Mari.

-Amá le tengo que decir que mataron a Consuelo.

-Amá le tengo que decir que mataron a Fernanda.

-Amá le tengo que decir que mataron a Alejandra.

Entre ecos de la misma frase repetida miles de veces por miles de seres queridos en este pueblo decadente busco entender porque me tuvieron que encontrar así y que lo único que quede sean gemidos lejanos que buscan justicia pero que nunca la encuentran. 


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Dedicado a todas las mujeres asesinadas en Juárez y a sus familias y seres queridos.

Tuesday, September 25, 2012

In the beginning...

Last night I heard Junot Díaz speak for the first time.  That was all that it took.  I saw visions of my endless poems, short-stories and other narratives hidden in messy piles somewhere in an old closet.  I felt guilt and shame for that.  That closet also has some lost dreams so here I am starting up a blog for my creative writing.  And here you are reading it.  You there?  Is it just my parents and bro dutifully checking it out?  I crack a smile as I type this from my office at the institution at which I teach basic grammar concepts and simultaneously yearn to share critical thinking and creativity.  I hope.  I'm scared.  I fear I've misplaced precious pieces I've written.  I dread the idea of editing them, but mostly, I hope, dream and write.  Yes, I write.  I write.